Acuarelas

En el centro de cada obra se alza el Jícaro — el árbol hondureño que Vallardo eligió como cifra de identidad y como declaración de pertenencia espiritual. A su alrededor, un cielo partido en dos, figuras con los brazos en alto y una casa rural que no es decorado sino raíz. Las figuras con los brazos alzados no lloran ni suplican: deciden, celebran, adoran. Es un gesto que pertenece a todas las culturas y a todos los momentos en que el ser humano siente que algo más grande está de su parte.